26 de enero de 2018

La mochila formativa



Si empiezo a registrar para ver qué descubro en mi mochila formativa, hasta yo misma me sorprendo: certificados, bloc de notas, documentos que no he vuelto a leer, carpetas repletas de propuestas de actividades, identificaciones personales, imágenes de participantes, títulos y no sé cuántas cosas más que me dibujan una amplia sonrisa, cuando no un gesto de desconcierto.

A simple vista, a lo largo de mi trayectoria formativa, hay más de un kilo de papel que da cuenta de una formación amplia y en varias direcciones; no obstante, no siempre acertada o bien orientada.
Al ojear los documentos, los títulos y certificados, las fechas o los lugares me hablan de cómo cualquier docente va construyendo su trayectoria, cómo va encauzando sus intereses o cómo se va actualizando en diferentes etapas de su carrera profesional. En definitiva, cómo cada uno va empaquetado todo eso dentro de esa amplia mochila que parece que no tiene fondo y que cada vez es más digital. 

Si nos detenemos un poco más y observamos esos objetos, más allá de lo que vemos, descubriremos cómo a través de los años se van generando y adquiriendo competencias y habilidades que forman parte de esa mochila docente. Una alforja que nos acompaña cada vez que entramos a clase, cada vez que plasmamos y diseñamos dinámicas de aula, cada vez que nos detene
mos y nos preguntamos por qué, independientemente de nuestra trayectoria docente, hay profesores que seguimos sintiendo la necesidad y la curiosidad de abrir nuevos espacios de formación.

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